La COP30 de Belém, celebrada en plena Amazonía brasileña, arranca en un contexto global marcado por crisis climáticas, conflictos y negacionismo. La cumbre busca revisar los compromisos nacionales, impulsar la financiación climática hasta 1,3 billones de dólares anuales y reforzar la adaptación y la cooperación internacional, en un momento en que solo 79 países han actualizado sus metas de reducción de emisiones.
El encuentro llega acompañado de fenómenos extremos, como tornados en Brasil y supertifones en Filipinas, que evidencian la urgencia de actuar. Mientras tanto, países petroleros intentan frenar el abandono de los combustibles fósiles.