En 2026 la sostenibilidad empresarial entra en una etapa de madurez y deja de ser solo una obligación normativa para convertirse en un factor estratégico de competitividad, acceso a financiación y resiliencia. Las empresas integrarán los criterios ESG en su gestión financiera y en la toma de decisiones, exigirán mayor sostenibilidad y trazabilidad a sus cadenas de suministro y afrontarán un entorno de inversión sostenible más exigente, basado en datos verificables.
Asimismo, la inteligencia artificial ganará peso en la gestión de la sostenibilidad, mientras el reporting será más riguroso para combatir el greenwashing.